Querido Roy

Un pequeño relato del fantástico escritor canario Roy Galán. 
Que tu lengua en mí nunca se acabe.
Eso pedí.
A las velas en las tartas, a las palmas de las manos en el techo cruzando túneles, a las pestañas en los dedos índices, a las estrellas fugaces del cielo. 
Que tus ruidos no se hagan nunca eco.
Eso pedí.
En calma mientras esperaba que llegara mi turno, que llegara la noche, que llegara el pájaro a la rama desnuda. 
Que me quieras como yo no sé quererme. 
Eso pedí. 
Preparándome para que no se cumpliera.
Opositando para el abandono.
Bajando la cremallera del futuro hasta el presente. 
Adelantándome para que por favor no pasara aquello que pedía.
Porque si pasaba, entonces qué, entonces quién, entonces cómo.
Porque si pasaba y ocupabas el lugar que no existía, ese lugar desaparecería contigo. 
Tu lengua se acabó. 
Como se acaba una pizza o Girls.
Y tu saliva húmeda en otra piel y en la mía, costra blanquecina.
Tus ruidos se hicieron eco.
Como cuando gritas en un sueño y solo tú puedes oírte.
Y tu sonido en otro cuerpo y en el mío, silencio. 
No me quisiste como yo no sabía quererme.
Como cuando una madre quita el castigo a su hijo.
Y tu querer en otros mundos que no son el mío.
Por pedir que no quede.
Pero quedé yo.
Yo, abrazado a cosas que no eran tú.
Abrazado a una almohada cosida en Sri Lanka.
Abrazado al muslo de una amiga.
Abrazado al perro.
Abrazado a las palabras de un libro que me recuerdan lo que no soy.
Abrazado a la sombra que siempre está.
Abrazado a todo lo líquido.
A todo lo que lucha por permanecer.
Dicen que han descubierto un nuevos sistema solar.
Nuevos planetas para habitar.
Dicen que puede haber vida más allá de nosotros.
Que no estamos solos.
Y yo, aquí.
Con las plantas de los pies atornilladas a la arena.
Varado. 
Pensando si los que nunca han vivido aquí.
Podrán querernos.
Sin más.

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